Lo positivo que ha dejado la pandemia

 

¿Cambios en los paradigmas? Una nueva mirada sobre los espacios comunes, una mayor conciencia ecológica, la revalorización de lo colectivo y de la capacidad de resiliencia. Ese es parte del legado de la pandemia, junto con la búsqueda constante de innovaciones tecnológicas que respondan a las necesidades emergentes.

 

La pandemia del Covid 19 será recordada por sus efectos trágicos para la humanidad. Pero también por las oportunidades que generó y los cambios positivos que precipitó en varios planos.

Por ejemplo, las fuertes restricciones en los viajes y en la actividad turística provocó que varios entornos naturales afectados por la presencia humana recuperaran su belleza y características.

Esto ocurrió en Tailandia, país de playas amplías, con aguas cristalinas y arenas blancas, y con una fauna que se vio afectada por la alta circulación de embarcaciones con visitantes. En noviembre de 2021 el país volvió a recibir turistas, y en enero de 2022 habilitará el punto conocido como Maya Bay, una de las atracciones costeras más importantes por haber sido el set de filmación de la película The Beach. En esos lugares se registró la aparición de especies marinas que hace años no se avistaban: tortugas, delfines y los dugong, un mamífero de grandes dimensiones parecido a las focas.

En tanto, en Venecia se apreció una notoria mejora en la calidad del agua. La turbiedad dio lugar a aguas cristalinas y hasta con la aparición de peces. De la mano a esta situación surgieron movimientos que piden repensar la actividad turística del lugar una vez que la pandemia finalice.

La comunidad

Además, la necesidad de mantener distancia física, incluso en lugares abiertos, y el concepto de “burbuja” desencadenaron una nueva forma de concebir a los espacios públicos al aire libre. Hay una mayor conciencia sobre su relevancia y sobre cómo protegerlos.

Esto ocurre en varias ciudades de grandes dimensiones, lo que dio origen a proyectos urbanísticos ambiciosos. Pero también en urbes pequeñas, como Montevideo. De hecho, la Intendencia capitalina y organizaciones de la sociedad civil promueven la intervención de plazas para mejorar su estado sanitario y facilitar su uso, así como la peatonalización de algunas avenidas y calles. Asimismo, se incentivan propuestas que incluyan resignificar espacios no utilizados hasta el momento, como sucede con el predio vacío del antiguo Mercado Modelo, que ahora fue convertido en un paseo gastronómico y de juegos.

Las ciudades empezaron a transformarse. Espacios más amplios, al aire libre o techados, pero con el objetivo de facilitar la interacción y, de manera simultánea, la conservación de las “burbujas”.

 

Las calles y las plazas se convierten con más frecuencias en paseos abiertos con propuestas para la familia y grupos de amigos, tal como recomienda ONU Hábitat, una agencia especializada de Naciones Unidas. En un documento publicado en 2021 señala: “En el futuro, necesitamos crear una agenda política compartida que reúna la planificación urbana, el desarrollo comunitario, la arquitectura, la construcción ecológica y la salud pública”.

Y muchas ciudades han dado un vuelco en ese sentido. El gobierno de Milán fue de los primeros en Europa que anunció que las transformaciones llevadas a cabo durante la pandemia serían permanentes, como la ampliación de veredas, con espacios verdes, y los nuevos 35 kilómetros de ciclovías.

 

 

Lo local

De la mano a esta situación, se registró una revalorización de lo local, ya sea atracciones turísticas caídas en el olvido o la promoción de costumbres ahora en desuso. Para algunas personas puede ser algo obvio, pero es un hecho que al no poder desplazarse a otros países y al no poder recibir turistas extranjeros, cada país o región debió apelar a este tipo de herramientas. En Uruguay se vivenció un incrementó de la actividad vinculada al turismo rural y el turismo enológico, y muchas personas se fueron volcando a propuestas artísticas callejeras en la medida que la situación sanitaria lo permitía.

En Argentina ocurrió algo similar en las provincias que cuentan con amplios paisajes, como Mendoza, Córdoba y también en la región de la Patagonia. En México cobró relevancia Puerto Escondido, en la costa del Océano Pacífico, un destino alternativo a las playas del Caribe que se vieron afectadas por la crisis hotelera asociada a la pandemia.

Campañas de ayuda

Otro elemento positivo que deja la pandemia es la revalorización de la bondad y la puesta en marcha de campañas masivas para ayudar a los más perjudicados. Por ejemplo, en muchos países nacieron iniciativas de donación de sangre, cuyo plasma puede ser utilizado para los pacientes con Covid.

Por otra parte, en países como Estados Unidos surgieron programas televisivos especiales en los que figuras del espectáculo y el deporte buscaron recaudar fondos. Lady Gaga, Justin Bieber y Shakira, entre otros más, participaron en algunas de ellas.

 

La NBA lanzó el programa "NBA Together", que incluyó entrevistas diarias en Instagram con jugadores y otras personalidades, programas educativos y contenido en línea dirigido a los jóvenes que no pueden jugar con sus amigos, entre otros elementos.

 

También aumentó el número de ocasiones en que las redes sociales fueron utilizadas con el objetivo de compartir la ubicación de personas con necesidades y también fue multiplicadora de publicaciones de aquellos que debieron reconvertir su actividad laboral para incursionar en otros rubros.

Asimismo, se registraron iniciativas solidarias para ampliar la capacidad de atención de los hospitales y para facilitar el desplazamiento de vacunadores y pacientes.

Hogar y trabajo

La pandemia también motivó el despliegue de recursos creativos para entretener a quienes debían permanecer en sus hogares. Conciertos online, charlas por redes sociales con famosos y rutinas de gimnasia con elementos hogareños fueron parte del menú. Además, a la par de la salud física, se construyó conciencia sobre los efectos del aislamiento en la salud mental. Es por eso que varios psicólogos ofrecieron ayuda gratuita y algunas universidades abrieron las puertas a desarrollar consultas online para quienes lo pidieran.

Las empresas de streaming aumentaron sus usuarios y la demanda de contenidos generó un repunte de la industria audiovisual, algo que también ocurrió en Uruguay.

El “quédate en casa” motivó que los hogares cumplieran la función, en algunos casos, de oficinas, con la necesaria readecuación de los espacios y la flexibilización de los tiempos laborales. Los cowork se consolidaron como alternativas, sobre todo aquellos que cuentan con amenities amplios que garanticen la distancia y, a su vez, la posibilidad de interacción con otras personas.

 

El hogar se transformó en una oficina, en un gimnasio y en un local educativo. Los centros de enseñanza se modernizaron e incorporaron tecnologías que permiten dar clases a distancia.

 

Ni que hablar del “boom” de las plataformas educativas destinadas a escolares, liceales y estudiantes universitarios. El acceso al material educativo es más fácil, así como la posibilidad de cursar materias y rendir exámenes. ¿Qué puede quedar hacia el futuro? Que se legisle para que la modalidad a distancia en la enseñanza sea una opción permanente, un debate que ya surgió en varios países, y también en Uruguay.

Un legado positivo es el surgimiento de aplicaciones y plataformas web con información útil sobre servicios y bienes, así como apps y sitios de teleconferencias. Las llamadas Fintech y los medios electrónicos de pago ganaron terreno. La posibilidad de realizar transacciones a través del celular es cada vez más común y al alcance de un número mayor de personas.

Por otra parte, el regreso a la presencialidad en el comercio y en los servicios revalorizó la experiencia del contacto con el otro. Cobró fuerza brindar una atención que redunde en una rutina gratificante para quienes asisten a un local gastronómico, a un supermercado o a tiendas con el objetivo de hacer sus compras.