Una desconexión necesaria

 

Bombardeados y aturdidos con el permanente intercambio de mails, llamadas y mensajes. La hiperconexión genera grandes inconvenientes pese a las ventajas que presenta. El aquí y ahora motiva la búsqueda de un respiro. La gran interrogante: ¿es posible?

“Trabajar desde la comodidad del hogar” es un eslogan que pegó con fuerza en los últimos años. Llegó de la mano de las tecnologías que abrieron las puertas al home office y se consolidó a raíz de la pandemia del Covid 19, que forzó a muchas empresas a pensar otra forma de llevar a cabo sus cometidos.

Al principio, ese eslogan irrumpió con un marketing sumamente positivo. Escapar de las paredes de la oficina, tener horarios flexibles, realizar de manera simultánea las tareas del hogar o compartir tiempo con familiares mientras se está conectado con el trabajo deslumbró a una enorme cantidad de personas.

 

Siempre hubo escépticos con la posibilidad de mezclar los espacios laborales con el ambiente doméstico. Y ahora surgió una corriente de quienes exigen tener las reglas claras para evitar que el trabajo a distancia se convierta en una pesadilla que obligue a las personas a estar todo el tiempo pendientes de los mensajes del celular, las llamadas, los mails y las videoconferencias con colegas o los jefes.

Previo a la pandemia, un 5% de la masa laboral en Uruguay realizaba tareas bajo la modalidad de home office. La “nueva realidad” elevó ese porcentaje a 17%, según un relevamiento de la consultora Equipos. “Se trata más que nada de la población trabajadora más calificada del país, que básicamente desarrolla tareas intelectuales y que es asalariada”, concluyó la firma.

En ese estudio, la mayor parte de los teletrabajadores señala que el evitar el desplazamiento al lugar de trabajo es una de las principales ventajas de esta modalidad (72%). Pero también el 31% manifestó que la desconexión es difícil o imposible de aplicar.

“Pareciera necesario encontrar mecanismos para que el teletrabajo no colonice la vida privada del trabajador y se convierta en una sobrecarga”, sostiene estudio de la consultora Equipos.

Patologías

Algunos estudios dan cuenta del incremento de los casos de ansiedad, estrés y depresión a raíz de la modalidad de teletrabajo que se instaló con fuerza en 2020 y 2021.

Un trabajo realizado en 2021 por la filial argentina de la consultora laboral Adecco concluyó que “el teletrabajo aporta beneficios a empresas y trabajadores, pero también repercute de manera negativa en la salud de estos, consecuencia, entre otras condiciones, de la exigencia de una permanente conectividad”.

En este estudio se les pidió a los encuestados que definan con una palabra al home office, y “encierro” tuvo un 21% y “cansancio” un 17%. “Y no solo el burnout resulta preocupante, en este contexto, como una enfermedad laboral 2.0 de la era digital, también se están incrementando problemas de fatiga visual en muchos empleados: el uso de las pantallas de las computadoras, smartphones y tablets”, advierte el informe.

El reporte de Adecco también identifica que por el aumento del home office surgieron casos de dolores de cabeza (migrañas), problemas de vista (ojos secos, fatiga visual, visión borrosa y doble) y dolores musculoesqueléticos (dedos, cuello, espalda y hombros), que son consecuencias del “síndrome visual del ordenador”.

 

 “Ejerciendo el derecho de desconectarse en tiempos de descanso se reduce el uso de los dispositivos digitales: se descansa la vista y se evitan dolores en las articulaciones en manos, dedos y espalda”, concluye estudio de Adecco.

Un derecho

En muchos países surgió una legislación que regula el “derecho a la desconexión”, es decir la potestad de desvincularse por completo de las tareas laborales más allá del horario estipulado en el contrato de trabajo. Uruguay se sumó a esa normativa en 2021, que está incluida en la ley de teletrabajo.

“Todo trabajador tiene derecho a la desconexión, entendiéndose por tal, el pleno ejercicio del derecho de todo trabajador a la desconexión de los dispositivos digitales y del uso de las tecnologías, y el derecho a no ser contactado por su empleador, lo cual implica que el teletrabajador no estará obligado -entre otros-, a responder comunicaciones, órdenes u otros requerimientos del empleador, a fin de garantizar su tiempo de descanso”, sostiene la ley.

Como en otros países, es difícil que esta normativa se cumpla por la obvia ausencia de un organismo fiscalizador que haga cumplirla al pie de la letra.

El camino de la meditación

En los últimos tiempos, quienes buscan alejarse de los dispositivos tecnológicos, aunque sea por instantes, recurren a la meditación. Es una manera de conectarse con uno mismo y recuperar los espacios perdidos de reflexión y silencio. 

Son varios los gurúes que a nivel mundial promueven esta práctica para abandonar el estrés y promover la salud mental en tiempos de conexiones digitales permanentes. Desarrollaron sitios web, páginas en Youtube con videos explicativos y hasta cuentan con aplicaciones que guían a los usuarios por todo el proceso. 

Hay aplicaciones para principiantes que orientan a las personas a través de los conceptos básicos de la meditación, como Headspace y Buddhify, y otras que sólo brindan un temporizador y señales sonoras para que se pueda realizar la práctica de meditación, como Samsara Timer y Pocket Meditation Timer.

 

Meditar es sencillo. En estos tiempos, lo mejor puede ser empezar por una app o en guías audiovisuales de los principales promotores de la meditación.

 

Esas apps se centran a enseñar a meditar “desde cero”, con la elección de vestimenta cómoda, un lugar tranquilo, con una postura adecuada y con la atención puesta en la respiración. Además, promueven que los usuarios acepten las pequeñas distracciones que pueden ocurrir al inicio, pero también que aprendan a permanecer en silencio y escaparle a los pensamientos sobre temas cotidianos. Finalmente, aconsejan cómo aumentar progresivamente el tiempo que se le dedica a la meditación y que se transforme en una práctica diaria.

El neurocientífico y filósofo norteamericano Sam Harris es de los gurúes más conocidos en todo el planeta. Escribió varios libros y su aplicación se llama Waking Up. En la app se puede ingresar a la sección “Práctica” para acceder a meditaciones diarias simples narradas por el propio Harris. Sirven como una introducción a la meditación y facilita los conceptos básicos de permanecer sentado y ser más consciente. 

También hay una sección llamada “Teoría”, que trata sobre aprender lo que sucede detrás de la práctica. Harris entrevista a varias figuras prominentes en los espacios de meditación, autodesarrollo y neurociencia para discutir temas como la muerte y la conciencia y también publica lecciones más pequeñas, que son como fragmentos reflexivos que pueden ser escuchados luego de meditar.

Otros cuentan con documentales propios en las plataformas de streaming, como Netflix. Es el caso de Deepak Chopra, que nació en Nueva Delhi, y ha liderado sesiones online de meditación. En tanto, Richard Albert, cuyo nombre original de Ram Dass, fue un norteamericano que dejó en Spotify sus meditaciones y su música preferida. Falleció en 2019 y el documental “Going home” narra su experiencia. 

En Uruguay creció el número de hombres y mujeres que practican la meditación. Hay sesiones individuales, grupales y retiros de varios días que tienen la consigna de permanecer en silencio y solamente seguir la guía de los instructores. Simplemente se puede ingresar a Google e indagar sobre las opciones que allí aparecen.