El presidente del Consejo Directivo del Sodre hace su balance sobre los primeros años de gestión, cuenta sobre los nuevos desafíos y el reciente acuerdo que la institución firmó con Montevideo Shopping.

 

 

Entrevista a Martín Inthamoussú

La cultura no es un lujo

 

Por Eugenia Lago

Fotografías: Gentileza de Sodre y Montevideo Shopping

 

¨La discapacidad la tenemos las instituciones, los espacios, las propuestas y las ofertas, no las personas¨, escribe Martín Inthamoussú en su última columna publicada en el diario El País del pasado domingo. El coreógrafo, bailarín y gestor cultural tiene ideas firmes y el hecho de que el arte sea para todos, sin excluir a nadie, es una premisa que persigue. No solo corre tras la idea de que cada persona, sin importar sus recursos, pueda contar con la posibilidad de consumir cultura; sino que también defiende la necesidad de desarrollar políticas inclusivas para que todos la disfruten y tengan la oportunidad de expresarse, formarse y profesionalizarse en el área. No es casual entonces que llevara adelante durante quince años el Festival Internacional de Danza Montevideo Sitiada, en el que espacios públicos de la capital se transformaban en escenarios para llenar de espectáculos los barrios. Ni que en 2014, luego de bailar, formarse en Alemania y probablemente percibir mucho de lo que faltaba por hacer en nuestro país, regresara a Uruguay y creara el área de Danza Contemporánea de la Escuela Nacional de Danza. En 2020, dio un paso más en su carrera y asumió la presidencia del Consejo Directivo del Sodre, desde donde aporta su visión integradora a la institución.

Hace tan solo una semana se paró sobre el escenario de la sala Eduardo Fabini para presentar la memoria anual de la gestión; en su repaso destacó que se llevaron adelante 746 espectáculos, a los que asistieron 89.578 espectadores y además, se ofrecieron 71 contenidos virtuales. Al momento de esta entrevista, Inthamoussú se encontraba en Tenerife, pero no de vacaciones. Estaba asistiendo a una feria en la que se muestra lo más relevante en artes escénicas y musicales del momento a nivel global. Allí se evalúan algunos de los shows que luego podrían llegar a presentarse en las tablas del Sodre y, a la vez, se consideran los espacios que podrían recibir a los cuerpos artísticos uruguayos en el futuro.

 

Aquí lo que hablamos durante una pausa en la ajetreada agenda del último mes del año.

La primera pregunta resulta inevitable. Es diciembre, termina el año, ¿sos de hacer balances a nivel personal y laboral? ¿cómo fue este 2021 para el Sodre?

 

Sí, soy de hacer balances y no solo a fin de año. Lo entiendo como un hábito saludable, en el que se evalúa y se pasa raya sobre cada una de las cosas y proyectos que uno va haciendo, para ver cómo funcionó, qué impacto tuvo; si uno logró los objetivos o no. Este 2021 fue un muy buen año para el Sodre porque, a pesar de la pandemia, pudimos concretar todos los proyectos que teníamos planificados. Quizás algunos títulos no los pudimos hacer porque tuvimos el teatro cerrado, pero sí aquellos que se pudieron pasar a la virtualidad. Eso implicó que el Sodre se mantuviera abierto y fuera la única sala pública que sostuvo a sus elencos del ballet, la orquesta, el conjunto de cámara y el coro trabajando regularmente y generando contenidos. Además, al ser el centro cultural más importante del Uruguay, estuvimos generando espacios donde los artistas independientes encontraron lugar para presentar su trabajo. También tuvimos festivales y, por llamado abierto, se eligieron distintos artistas para presentar en el escenario sin depender de la taquilla. Esto significa que el Sodre les pagó la función sin importar si vendían o no entradas. Otro apoyo muy importante es que antes los artistas que usaban por ejemplo, la sala Hugo Balzo, tenían que pagar un costo fijo por el uso. El Sodre se quedaba con un porcentaje de la taquilla y cuando no llegaban a vender este monto, el artista tenía que ponerlo de su bolsillo. Esto resulta inconcebible, toda una ironía. Es una sala del Estado que tiene que apoyar a sus artistas y les cobraba. Esto se eliminó y no solo eso, sino que durante todo el año no se cobró el porcentaje que correspondía al Sodre, por lo que el artista independiente recibió el cien por ciento de la ganancia por su taquilla. Si paso raya en este balance, este fue un muy buen año y augura un 2022 lleno de propuestas y nuevas aventuras.

 

La pandemia comenzó casi a la par de tu gestión, ¿esto provocó que los pilares de tu propuesta inicial se transformaran? ¿cambió tu forma de ver las cosas o se siguió ejecutando tu modelo sin modificaciones al retomar la presencialidad?

Obviamente, todo se transformó y creo que eso es lo interesante para cualquier organización. Una institución que no estuviera abierta al cambio y fuera flexible ante la inestabilidad, es una organización destinada a morir. El Sodre se adaptó rápidamente, me refiero a sus funcionarios, técnicos, artistas, todos por igual, nos adaptamos y desarrollamos una planificación estratégica en plena pandemia por primera vez. Es decir, hasta entonces, no había planificación estratégica. Cumplía con objetivos que le daba la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, pero no había una planificación que midiera en forma quinquenal, con valores claves, lo que se hacía. Esta planificación debe ser flexible, de otra forma no dialoga con la realidad. Ahora lo relaciono con lo que pasa en la actualidad. Hoy miraba el informativo en España y hablaban de volver a cerrar todo después de Navidad por la variante ómicron; entonces pensaba, si como organización no estás pronta para afrontar cambios sustanciales, desaparecés. No hay pilares sólidos y está bien que no haya. Hay que estar pronto para surfear olas distintas y reaccionar rápido, sin dejar de ser proactivo y proyectar a largo plazo.

 

¿Esto es lo que se podría decir que dejó de bueno este momento?

Sí, creo que sí. Todavía tengo conversaciones con gente que dice 'cuando volvamos a la normalidad…’, y les digo que nunca más vamos a volver a lo que era antes. Entonces, soltá, hacé el duelo que tengas que hacer y sumate a esta nueva manera de ver el mundo. La nueva normalidad no es solo una frase, es una realidad. O te sumás o quedás por fuera. Me da mucha pena ver a organizaciones y teatros que no pudieron reinventarse y van desapareciendo. No hay nada más triste que ver cerrar espacios culturales. Tenemos que estar todos muy alerta. Claro, los que trabajamos en la cultura tenemos un historial de resiliencia, sabemos lo que es tener que reinventarnos y pensar en nuevas estrategias; tenemos el músculo hecho y aún así fuimos los más golpeados junto con el turismo. Hay mucho aprendizaje en esto, después dependerá de cada institución y de sus líderes, lo que hace con esa información.

 

Una de tus frases de cabecera es que el Sodre es un lugar para todos, que el arte debe ser para todos, ¿qué se implementó hasta ahora para favorecer esa inclusión?

Claramente la inclusión y la accesibilidad son temas muy importantes para mí en esta gestión. Hay que entender que el acceso a la cultura es un derecho humano, concebido como tal, y las personas que estamos en estos roles de decisión política tenemos que poder llevar adelante acciones para que más gente acceda a la cultura. Por eso hicimos un estudio de públicos que nos dio datos para ver quienes no vienen al Sodre. En tal sentido, estamos haciendo un plan de desarrollo de públicos que se comenzará a implementar el próximo año. También trabajamos la inclusión de las personas con discapacidad. Así es que hace dos días estrenamos El cascanueces, el primer ballet con audiodescripción en la historia de la institución. Esto implica que ahora una persona ciega puede disfrutar de un espectáculo de ballet. La audiodescripción fue grabada por María Noel Riccetto y para realizar el proyecto trabajamos junto a la Unión Nacional de Ciegos del Uruguay en un proceso hermoso. Ellos nos decían, 'no imaginé que este día iba a llegar'. Entonces, con que una persona disfrute del espectáculo, algo que no imaginó que sucedería, ya se está haciendo más accesible el servicio que se brinda. Lo mismo va a pasar con las personas hipoacúsicas o con baja audición, con un sistema que se va a instalar para eliminar los ruidos e interferencias, y permitirá que puedan escuchar mucho mejor, por ejemplo, un concierto. También vamos a colocar un sistema de navegación en los edificios, que contempla distintos tipos de discapacidad; se harán reformas edilicias y la instalación de georeferenciación para que las personas tengan indicaciones claras de cómo transitar. Básicamente, buscamos la autonomía; que una persona con discapacidad no dependa de otra para ir al Sodre. Para eso creamos la Comisión de Inclusión y Accesibilidad, que además estará trabajando en el Festival de Artes Inclusivas que tendremos en 2022. En esta actividad, la inclusión no solo sucederá en el público sino también en el escenario, para que todos puedan pensar en un futuro como artistas. Hace poco me preguntaron cuál es el objetivo de este festival y la verdad es que deje de existir, ya el día que no exista es porque la programación inclusiva es parte de tu teatro y ya no lo necesitás.

 

Recientemente se firmó un acuerdo con Montevideo Shopping, ¿qué objetivo tiene?

Trabajamos con Montevideo Shopping desde 2015, en ese año el shopping empezó a colaborar con las escuelas del Sodre y fue clave para el desarrollo de muchos proyectos que se hicieron como viajes, giras y becas de formación. El vínculo creció y hoy posibilita que demos un paso tan grande como firmar un acuerdo por el cual el Sodre tiene un stand a la entrada del centro comercial, al lado de Starbucks, en donde la gente puede comprar el Abono 2022 durante diciembre y febrero, y también la Tarjeta Regalo. Nos gustaría empezar a ser parte del hábito de compra de Navidad, es decir que se regale una tarjeta para ir al Sodre o un abono anual. La idea es que regalar cultura sea un hábito de consumo y para eso, tenemos que estar donde está la mayor parte del público. Además, necesitamos renovar las togas del coro y hablando con Carolina de León (gerente de Marketing del centro comercial) pensamos en integrar a los jóvenes diseñadores al desafío. Así el shopping nos propuso trabajar en su instancia de Rediseña del próximo año y hacer un llamado abierto del que saldrá un diseño ganador. Así que a partir del año que viene el atuendo será renovado, innovador, joven.

 

¿Considerás que hoy el Sodre tiene el lugar que le corresponde en la sociedad?

Tengo un matiz con ese tema. Como sociedad, el uruguayo reconoce al Sodre, sin embargo, no todo el mundo accede. Hay un tema de posicionamiento de la institución en la mente del uruguayo al punto de que una persona, en un estudio que hicimos, dijo 'yo no voy porque no tengo que ponerme’. Si hay alguien que está diciendo eso es porque el posicionamiento de marca que tenemos está diciendo algo errado y nosotros tenemos que reaccionar. No podemos dejar que una persona crea que no puede acceder a su derecho como ciudadano de consumir cultura porque no tiene qué vestir. Ante esto, nosotros rápidamente tenemos que generar contenidos para que esa persona se sienta invitada y tenemos que demostrarle que es un lugar para todos. A tu pregunta, creo que el Sodre sí ocupa un lugar importante en la sociedad, lo que no sé si está bien es el lugar que ocupa. Hay un lugar elitista que nosotros tenemos que combatir.

 

Con María Riccetto se acompañaron en muchas etapas de la vida profesional y además, son muy amigos. ¿Qué se siente vivir juntos este momento en el que se encuentran ocupando cargos de decisión de una institución en la que pasaron años de sus carreras?

Nosotros eso lo hablamos mucho, somos como hermanos, tenemos un vínculo muy cercano y eso es importante para trabajar. Construimos a partir de la confianza absoluta, del respeto y de la admiración por el otro. Ella siempre hace bromas, dice 'ahora no le estoy hablando a mi amigo, le estoy hablando a mi jefe', entonces yo la sigo y le digo, 'te contesto como jefe'. Nos reímos, siempre con un tono muy liviano, y eso hace bien al alma. Trabajar de esta manera es un regalo.

Además, nos consultamos mucho. Siempre hablamos cuando estamos en el auto, en ese tiempo muerto. A veces no tenemos nada para contarnos, es solo escucharnos. Tenemos confianza absoluta, también para decirle si pienso que se está equivocando en tal cosa, sin que se lo tome personal, es siempre desde la construcción.

 

A pesar de las exigencias de tu rol, aun das clase. ¿Qué te brinda el enseñar que no se encuentra en otras actividades?

Dar clase es mi espacio de aprendizaje. Nunca dejé de dar clase y nunca dejé de estudiar, dos cosas claves para el desarrollo humano. Aprender y aprender. Aunque sea una hora por semana, lo voy a seguir haciendo. Es lo que me permite estar en contacto con las nuevas generaciones y ver dónde están las inquietudes artísticas. Ahí están los problemas, las necesidades actuales y es donde uno se nutre.

 

¿Qué se verá en las salas en 2022?

Cuatro ballets con orquesta, la Temporada Sinfónica, un musical que se hará por primera vez, West Side Story; además del festival de danza, el de música migrantes, el de artes inclusivas, el de jazz y obviamente, la programación regular de los cuerpos estables. En enero abrimos con una nueva obra de Juana Viale, El ardor, y también vendrá Marisa Monte. Otra novedad es que en febrero tendremos carnaval por primera vez en la sala Nelly Goitiño.